Advertencia para cualquier lector-reflector humano
La poesía no puede ser tu piedra angular
la poesía no podrá ser siquiera un poco de arena
la poesía quema o destruye la sangre cauta
la corrompida sangre la vuelve tinta
pintando con nuestra vida las hojas en blanco.
Por eso el miedo acecha mi cuerpo,
por eso mi teclado es la espada de Damocles
Así concibo los labios definitivos y rosas
de mis manos, de las caricias como espadas.
Así, brevemente, Reflector Humano
oía como me dictabas un deseo.
Bienvenida/o
denguecortos@hotmail.com
la poesía no podrá ser siquiera un poco de arena
la poesía quema o destruye la sangre cauta
la corrompida sangre la vuelve tinta
pintando con nuestra vida las hojas en blanco.
Por eso el miedo acecha mi cuerpo,
por eso mi teclado es la espada de Damocles
Así concibo los labios definitivos y rosas
de mis manos, de las caricias como espadas.
Así, brevemente, Reflector Humano
oía como me dictabas un deseo.
Bienvenida/o
denguecortos@hotmail.com
martes, 30 de junio de 2009
martes, 23 de junio de 2009
No me acuerdo 1º (antihomenaje a Joe Brainard)
No me acuerdo cuando me ayudaste a crearme.
No me acuerdo cuando decidí nacer.
No me acuerdo cuando me miré a tu espejo por primera vez.
No me acuerdo de las damas y las torres desparramadas por todo el cuarto de baño y nosotros huyendo del jaque-mate.
No me acuerdo de la espuma en un hotel de Madrid.
No me acuerdo del color de tus uñas despellejadas y despellejadoras.
No me acuerdo de la vez que te dije algo y me quisiste besar.
No me acuerdo de tu olor a nenuco maduro y que tanto me excitaba.
No me acuerdo de la tele que nunca encendimos cuando estuvimos juntos.
No me acuerdo de las calores en tu pueblo.
No me acuerdo de deambular perdido por el parque haciendo reportajes fotográficos con tu nombre.
No me acuerdo de trabajar en algo que servía para estar juntos.
No me acuerdo de las ojeras de las noches en que nos amábamos telefónicamente.
No me acuerdo de las manos que vinieron de entre la noche hasta mi espalda.
No me acuerdo de tus postres al vino.
No me acuerdo cuando empecé a odiar los kilómetros y las carreteras que no conocí, y mucho más cuando así lo hice.
No me acuerdo cuando me dormía atado a tu ausencia.
No me acuerdo cuando vimos a nuestros besos intemporales escapar hasta la cesta de mimbre de aquel ciclista que repartía flores en Atocha.
No me acuerdo del sabor de un cubata ni de una ahogadilla en la piscina.
No me acuerdo que hacías magia con tus manos no creyentes.
No me acuerdo del pestillo no echado de la puerta de la habitación entreabierta y de la que salías convertida en incienso.
No me acuerdo de los billetes rotos.
No me acuerdo la primera vez que me dijiste que ya no me querías.
No me acuerdo del instinto animal que saqué a pasear con cuerda y bolsa para los excrementos.
No me acuerdo de tu bolígrafo apuntando mi dirección en una servilleta y que luego sigilosamente depositaste en el contenedor azul.
No me acuerdo de la poesía penosa que te compuse, que se descompuso en versos libres, libres de compromiso.
No me acuerdo cuando me dibujaste desnudo utilizando tu dedo índice en la pared, repasando mi espectro fosilizado allí para siempre.
No me acuerdo de las personas escandalizadas porque tú y yo nos mirábamos hasta desaparecernos debajo de nuestras ropas.
No me acuerdo del cuadrilátero aquel donde recuperábamos de noche las sombras que dejábamos descansar durante el día.
No me acuerdo haberme arrodillado y pedirte que tus cinco dedos sustituyeran a los míos.
No me acuerdo si típicamente llovía y hacía un día nefasto, el día que típicamente te despedías y me dejabas en un estado entre nefasto y con ganas de más.
No me acuerdo de las danzas del aquelarre que organizábamos en tu habitación.
No me acuerdo cruzar Despeñaperros y que algo me arrancara la lengua y los brazos quedando como ahora, lisiado sentimentalmente por Andalucía.
No me acuerdo de la triste verdad de un libro en blanco.
No me acuerdo de los libros a los que raptábamos por unas horas sus almas.
No me acuerdo cuando te vi desnuda de pudores.
No me acuerdo de si los lunares de tu cuerpo eran 87.
No me acuerdo si mis jadeos eran porque hacerte el amor era de una desesperación brutal.
No me acuerdo de las cartas que recibí de ti, diciendo que te acordabas de mí sólo si ponía la carta debajo de una vela. Tus mensajes únicos y encriptados, al alimón.
No me acuerdo de esparcir las semillas de los árboles con cada patada al suelo cuando jugaba ese día un partido fastidioso de fútbol sombra.
No me acuerdo de no oír a 4 millones de personas que pasaron por mi lado.
No me acuerdo que el día que salí corriendo a buscarte, me llamaste desde la línea de salida diciendo que esa era la meta. Y perdiendo gané.
No me acuerdo de que hablaba y hablaba buscando la única manera deliciosa que tenías de callarme.
No me acuerdo de la necesidad de saber que estabas ahí.
No me acuerdo de las veces que rompiendo a llorar, quebré mi inocencia.
No me acuerdo que al ver la película "Caótica Ana" pensara en sus rastas como enredaderas de mi vida.
No me acuerdo que siguieras el curso de tu impulso para sobrevivirte en tu mundo, de lunas, baobabs, calmas y tormentas de gotas diluviales.
NO ME ACUERDO DE ES(T)OS RECUERDOS QUE NO OLVIDÉ.
lunes, 15 de junio de 2009
La verdad axiomática corrompida por la duda
EL
A
B
B
O O
V D
E A
D
C
U
E O
R P
DE
E
C O S
E
I
N
D
I
G
E
S
T
I
Ó
N
P O É T I C A
El perro andalú
El perro andalú tiene mala follá.
El perro andalú te olisquea antes de mearte.
El perro andalú no te lo encuentras, te localiza si le sale de los cojones.
El perro andalú se vuelve calle o casa encalá todos los veranos.
El perro andalú se apareó o no, con un señor de Extremadura.
El perro andalú le jode que le encasillen.
El perro andalú me acaba de morder una mano, la mano demócrata.
E l p e r r o a n d a l ú m e i n o c u l a l a e n f e r m e d a d d e l p a s o t i s m o.
Él y sólo él para que pueda perdonarme todos los caminos y los rastros-rostros perdidos.
domingo, 17 de mayo de 2009
Mi sueño de madera
Arrancado de una madre sin Dios, Pinocho, ese niño árbol, acabó perdido, ensimismado, contando las anillas de su tronco.
Me pregunto yo, que he creído cien veces en aquello de que "todo el mundo tiene lo que se merece", por qué he creído como la fe ciega que se tiene a un padre cuando no se puede contrastar la respuesta. También he creído siempre que si floto, que si a veces me caigo como una hoja huérfana, que si mis pensamientos son huecos y mi sangre resbala como resina por todo mi cuerpo, es porque disfruté inconscientemente de un pasado de madera, de un hermanamiento con Pinocho, cuya nariz prominente me ha atravesado, insuflándome esos dolores o latidos de humanidad, que todo el mundo alguna vez deseó merecer.
miércoles, 22 de abril de 2009
El paraguas anual
Las piedras empapadas de las calles de Córdoba toman un aspecto lúbrico. El ruido de los pasos de los que vuelven a la cama están difuminados por los servicios de limpieza. En un banco dos individuos se enzarzan en profundas discusiones de borrachos. Dos barrenderos se sientan a esperar qué ocurrirá ese mismo día por la tarde. La ciudad entra en el duermevela.
Secuencia 1. Plaza. Ext/noche.
Suenan las 5 de la mañana en el reloj de la muñeca de uno de los barrenderos.
Barrendero 1
Parese que loh tíoh esoh san preparao.
Barrendero 2
Vamoh. Oye, ¿tú tah fijao si pa ehta tarde han convocao a loh vesinoh del barrio en er puente romano?
Barrendero 1
Quisáh. Ehpero que traigan ehponjhas sufisienteh.
Barrendero 2
Ehpero que también traigan ehcalerah. La noche ehtá bahtante serrá.
Secuencia 2. Plaza. Ext/noche.
Suenan algunas voces y un ruido estremecedor retumba la calle abajo. Acaba de adelantarse lo que esperaban mucho más tarde.
Barrendero 1
Viá dehá los tiestoh aquí y me voy pa´llá. Veremoh a vé si aguanta.
Barrendero 2
Te acompaño. La mardita noche ehta, ehtá hasiendo jartible la peoná.
Se encaminan, como todo el barrio del casco antiguo de Córdoba a las proximidades de la mezquita y un poco más abajo llegan al Arco del Triunfo. Afrontan el puente romano. Todos de nuevo callan. Se oye de nuevo el estrépito y el dique que han formado con sacos terreros a lo largo de la avenida que rodea el Gualdalquivir, cede. Cede violentamente.
Secuencia 3. Puente. Ext/noche.
Barrendero 1
Como cada año. Frota fuerte compare que no quede ni una.
Un sonido seco de raspadura se confunde con los gritos de los vecinos.
Barrendero 2
Loh locoh ehto noh la han jugao. A véh si llega ahí con la ehcalera esa. No dejhe ni una siquiera.
Después de varias acometidas por restituir los cimientos del convencionalismo, los vecinos, ya extenuados, vierten sus cubos, sus esponjas y sus escaleras a las calles de Córdoba. La tinta secular del río los ha convertido, como cada año, en cadáveres exquisitos esos días en que la marea llevó a la palabra más allá de las fronteras del folio en blanco.
Fondo negro. Poesías esperan impacientemente la linea 3. Puerta del Puente, Mártires, etc.
TELÓN
lunes, 20 de abril de 2009
Vendetta contra Roger Wolfe que se rindió al realismo
RUIDOS
Te sobrevienes a mi cuerpo, frágil nota de polvo carnal, a plazos. Asustando mis pelillos enroscados bajo la almohada. Allí donde la noche es eterna, sombra de sexos consumiéndonos privadamente. Los roces, el sonido angustioso de las horas exiliadas, nos precipitan a nuestras manos, hojarasca a 37, 38 grados.
Todo en la noche, no lo olvido, sólo en la nuestra, es delicado y donde un premio es un beso extraviado, yo intervengo como el cenicero que contiene los restos de impulsos fagocitados por el fuego fatuo en el que me he convertido.
EL CLICHÉ
Contradicción del instante pasado que ha sido capturado por tus ojos en 35 milímetros y del que no tengo resguardo para ilusionarme con el viejo poema del fotógrafo "se guardan todos los clichés".
LA PULPA
Encontré bajo la mesa el rastro de mi vida exprimida, el zumo sanguinolento y debí, ahora que descanso profundamente, darme cuenta de ésto cuando la licuadora se hundía en mi razón ayudada por mi mano traidora, compinche hija de puta, que apretaba la cuchilla contra mi pulpa. Mi sabor de muerto en vida envasado en un tetrabrick sin fecha de caducidad.
LA EXPLICACIÓN
La explicación sin idiomas, sin medios miedos, sin fundamentos fue una locura la noche que te conocí y te vi casi de inmediato, tendida. Balbuceando tu nombre, exhalando tu última bocanada me preguntaste por qué estabas muriendo. Por afinidad y porque mis palabras fueron insuficientes imaginé un disparo en mi sien y así deposité mi respuesta al lado de la tuya.
EL LETARGO
Crisálida perezosa y caduca, envuelve tus restos de primitiva oruga. Entre 10 centímetros de tierra húmeda, bulbo cordobés, creces buscando el centro de tu ombligo viendo el mundo defenestrarse por tu útero. El mejor camino para las huidas de las maquinaciones dolorosas.
Hedonista del colchón, despiertas a horas impronunciables. Abres los ojos y viene a ti la carne que colgaste en el último invierno en una oquedad de tu insustancial cuerpo brillante, faro de todos los dedos que avanzan a buscarte.
Desvíos
I
Me voy a concebir
a mi mismo,
como un demonio.
Voy a eyacular
sobre las almas cándidas
repartiendo la simiente destructiva
de mi impotencia,
el fruto prohibido.
II
Vísperas urticantes
del cambio de marcha
intoxicaciones de amor
perdido ando
o vuelo o me arrastro
como el hálito del olvido
Mis ojos inacabados
y en la espalda
habitaciones abiertas
por mil latigazos.
Mastico la tierra
que nunca poseo
recordando la saliva
transmutada
Debajo de un puente
infinito tal vez
ahí donde empezó la vida
a raudales se terminó
Tristes ojos bifurcados
ante una nariz
irrespirable
miércoles, 25 de marzo de 2009
La gota que provoca al caer en un estanque una sonrisa-onda infinita
Vuelven las medias
y las enteras sonrisas
Vuelve la literatura
en su íntima expresión
Vuelven las hojas viajeras
de mis árboles de otoño
Vuelve el oscuro vientre
que dolía sin alimento
Vuelven las palabras
de hostal, vagabundas
Vuelve la garganta lúbrica
que tragó rayos y centellas
Vuelven las tazas de té
y la mezcolanza del ritual árabe
Vuelve una parte inextinguible
que fue sepultada en vida
con sólo dos pétalos de rosa.
martes, 17 de febrero de 2009
El Tragaluz

La ausencia del candil que robaste esa misma mañana de la pared derecha, allá donde tu padre lo clavó cuando te diste cuenta un día que a los 19 años poco se entiende de paredes y de sombras impuestas, impregnó la pared de la humedad propia de los ojos de tus mayores cuando te despidieron para ir por recambios para la bicicleta.
Recordaste el día que tu madre apareció sin más en uno de aquellos pisos buscando el oxígeno que tú la quitabas y que no estaba sola. La puerta de tu habitación de la pensión que frecuentabas para ejercer la prostitución tenía una mirilla donde veías a eso de las tres y media de la tarde a tu madre mirando aquel tragaluz que había para subir a ajustar la antena de la comunidad.
Tu madre salió de casa cuando fue a comprarte la bicicleta que te prometió hacía ya diez años y tu padre buscó el amparo ahogándose en una botella descorchada de un champán rancio que luego abandonó por un pozo a las afueras del pueblo.
Vivía tu madre debajo de aquella amarillenta imprecación solar que la proveía de una cierta dignidad. Tu madre dormitaba cuando salías al pasillo a buscar clientes y si se desvelaba andabas a saltitos hasta la oscuridad de la esquina.
Un día tu madre apareció con un pequeño pañuelo ocultando lo que hacía debajo de las faldas, supuestamente agujereada. Tu madre se masturbaba mirando el tragaluz y escuchándote como follabas con todos los señores que cordialmente la saludaban antes de partir a tus labios. Aquel día, posiblemente el tercero desde que te diste cuenta de aquella horrible casualidad, mientras tu madre echaba su cabezada como de costumbre sentada en la silla de enea en ese lúbrico pasillo, hiciste un ademán de agarrarla del cuello pero en vez de eso debiste morir en tu habitación no hace muchos días. Tu madre llevaba en esa fecha aproximadamente dos días muerta.
Dejaron la silla colocada en la pared debajo de aquel chorro caliente de luz y yo me senté. Supe la verdad, tu madre había huido mentalmente por enésima vez, ahora por el tragaluz dichoso, jodiéndote de veras, sin haber dicho ni mu, dejando su cuerpo como la censura que nos corta la vida a tijeretazos, la muy... Luego, ante la incomodidad de saberme desprotegido, bajé al portal a colocar un cartel que decía que ya no se recibían visitas en el 3º B.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)