Advertencia para cualquier lector-reflector humano

La poesía no puede ser tu piedra angular
la poesía no podrá ser siquiera un poco de arena
la poesía quema o destruye la sangre cauta
la corrompida sangre la vuelve tinta
pintando con nuestra vida las hojas en blanco.
Por eso el miedo acecha mi cuerpo,
por eso mi teclado es la espada de Damocles
Así concibo los labios definitivos y rosas
de mis manos, de las caricias como espadas.
Así, brevemente, Reflector Humano
oía como me dictabas un deseo.

Bienvenida/o

denguecortos@hotmail.com

jueves, 9 de julio de 2009

No me acuerdo 2º (antihomenaje a Joe Brainard)


No me acuerdo de ese verano en el que me descubrió la lectura leyendo signos ilegibles y me atrapó entre sus fauces un libro de Dinosaurios.

No me acuerdo de las 25 pesetas que me daba mi abuela para el cepillo de la Iglesia y que invertía para dar de comer al hambriento...de pipas, yo.

No me acuerdo de la primera vez que pensé que lo que tenía entre las piernas estaba ahí sólo de paso.

No me acuerdo de mi gata que pasó de pasar a mi lado cariñosamente, a mirarme y pasar de mí. Entendí en su desprecio, la fugacidad de la belleza.

No me acuerdo de la vez que mi maestra me pidió que le diera una bofetada a un compañero de clase. a lo que yo me negué enérgicamente. Ni de la mano boomerang que hizo la tabla de multiplicar en mi cara y también en el trasero de mi compañero.

No me acuerdo de una fiesta que hicimos en un bar a puertas cerradas propiedad de un amigo. Comprobamos con claridad que al día siguiente, y ya restablecida la aburrida normalidad, los mayores jugaron muy en serio a aquellos pedos psicológicos infantiles.

No me acuerdo de haberme subido a un caballo que por esa fecha medía más de un campanario de altura, blanco, con las crines desgastadas por el aguardiente derramado, galop(e)ado por un tío que tuve y que luego nunca más vi.

No me acuerdo de las noches en vela pensando que por mi culpa el payaso de juguete de mi madre se había quedado mudo por mi mucho jugar y el poco dormir, como Don Quijote.

No me acuerdo de dormir encogido, en posición fetal-fatal porque a los pies de mi cama todas las noches creía escuchar como se abría un oscuro abismo succionador.

No me acuerdo del pequeño postigo de la hoja de mi ventana que emanaba una resina naranja y que un día sin que mis padres se percataran, descolgué e incrusté toda la tarde en una maceta por si aún estaba a tiempo de saber de qué árbol procedía.

No me acuerdo de jugar al fútbol y de las niñas que se desvivían por animarnos y que luego tras el partido y vuelta al anonimato de la masa, me metieron unos cuantos goles a mi fugaz ego desinflado.

No me acuerdo de las veces en la que desenfocaba la visión y creía que era el mismo superpoder de Supermán para ver a través de las paredes y que si no veía nada, era porque mi madre me dijo que "las paredes y muros de mi casa estaban hechas de adobe de más de un metro de espesor". Anulados todos los poderes y asumido que mi pueblo estaba a merced de los malos de las películas, me escondí derrotado.

No me acuerdo cuando mi abuelo amenazó con la Guardia Civil a un ciclista accidentado que casi nos atropella por negligencia nuestra en plena carretera, y al que vi correr seguidamente con la bicicleta a cuestas, ensangrentado, hecho un eccehomo, toda el camino abajo. La justicia al revés, absurda, superviviente, divertida e injusta de todos los abuelos para sus nietos.

No me acuerdo de jugar a alquimista con las colonias de mi padre y los productos de la limpieza que a priori eran inalcanzables ("No dejar al alcance de los niños") para inventar una poción que convirtiera a las negras y rojas hormigas de mi patio, en un poderoso ejército que invadiera la tela de una araña que me tenía aterrorizado y a la que sólo veía un par de patitas en el agujero.
No me acuerdo si lo conseguí. Los vapores del mejunje hicieron un gran trabajo amnésico.

NO ME ACUERDO DE ES(T)OS RECUERDOS QUE NO OLVIDÉ.

viernes, 3 de julio de 2009

A Silverio siendo Adela resucitada.


Y Bernarda Alba murió en una cama de hospital entubada por todas las hijas a las que enterró en vida o en muerte. Algunos valientes se acercaron a celebrar su recuperada libertad, otros sólo callaban cómo les había enseñado la hija de puta de la historia, de las pequeñas cabronadas de las pequeñas historias, familiares, pueblerinas, con olor a campo sin domesticar.

Yo me alegré de su muerte, a qué negarlo. Sólo reprocho a los que tuvieron poder, tiempo e influencia para que este final hubiera aparecido en las obras-vidas de García Lorca, siempre vivo, siempre y eternamente vivo, dolorosamente exiliado en una fosa como su Granada, como su Albaicín, en las cuevas perdidas, en las otras Granadas de la Guerra Civil.

Me alegro que algunos conserven las marcas de los azotes. Hay formas de enseñar el mundo, hay formas de enseñar los cuerpos y los pudores, hay formas de pintar señales rojas de "stop" para cada uno de los vergajos que prentenden seguir llegando.

Si llega por ese mismo camino, Pepe el Romano, acordad de hacerle llegar en un mensaje que vuestra nueva dirección se encuentra lejos de aquella "habitación blanquísima del interior de la casa de Bernarda. Muros gruesos. Puertas en arco con cortinas de yute rematadas con madroños y volantes. Sillas de anea. Cuadros con paisajes inverosímiles de ninfas o reyes de leyenda. Es verano. Un gran silencio umbroso se extiende por la escena. Al levantarse el telón está la escena sola. Se oyen doblar las campanas."

Siempre Silverio, encima de los autoritarismos y cárceles del ser humano.

martes, 30 de junio de 2009

Funciones con quemaduras de 3er grado




X4+2X³ Variable insomnio

-8x²-18X-9= de vida

x^4 + 2x³+x² Variable cantidad

- 9x²-18x-9= de sueños

Constante temor x²·(x²+2x+1)-

de días 9·(x²+2x+1)=

Constante amor (x²-9)·(x²+2x+1)=

entero (x-3)·(x+3)·(x+1)²


martes, 23 de junio de 2009

No me acuerdo 1º (antihomenaje a Joe Brainard)



No me acuerdo cuando me ayudaste a crearme.

No me acuerdo cuando decidí nacer.

No me acuerdo cuando me miré a tu espejo por primera vez.

No me acuerdo de las damas y las torres desparramadas por todo el cuarto de baño y nosotros huyendo del jaque-mate.

No me acuerdo de la espuma en un hotel de Madrid.

No me acuerdo del color de tus uñas despellejadas y despellejadoras.

No me acuerdo de la vez que te dije algo y me quisiste besar.

No me acuerdo de tu olor a nenuco maduro y que tanto me excitaba.

No me acuerdo de la tele que nunca encendimos cuando estuvimos juntos.

No me acuerdo de las calores en tu pueblo.

No me acuerdo de deambular perdido por el parque haciendo reportajes fotográficos con tu nombre.

No me acuerdo de trabajar en algo que servía para estar juntos.

No me acuerdo de las ojeras de las noches en que nos amábamos telefónicamente.

No me acuerdo de las manos que vinieron de entre la noche hasta mi espalda.

No me acuerdo de tus postres al vino.

No me acuerdo cuando empecé a odiar los kilómetros y las carreteras que no conocí, y mucho más cuando así lo hice.

No me acuerdo cuando me dormía atado a tu ausencia.

No me acuerdo cuando vimos a nuestros besos intemporales escapar hasta la cesta de mimbre de aquel ciclista que repartía flores en Atocha.

No me acuerdo del sabor de un cubata ni de una ahogadilla en la piscina.

No me acuerdo que hacías magia con tus manos no creyentes.

No me acuerdo del pestillo no echado de la puerta de la habitación entreabierta y de la que salías convertida en incienso.

No me acuerdo de los billetes rotos.

No me acuerdo la primera vez que me dijiste que ya no me querías.

No me acuerdo del instinto animal que saqué a pasear con cuerda y bolsa para los excrementos.

No me acuerdo de tu bolígrafo apuntando mi dirección en una servilleta y que luego sigilosamente depositaste en el contenedor azul.

No me acuerdo de la poesía penosa que te compuse, que se descompuso en versos libres, libres de compromiso.

No me acuerdo cuando me dibujaste desnudo utilizando tu dedo índice en la pared, repasando mi espectro fosilizado allí para siempre.

No me acuerdo de las personas escandalizadas porque tú y yo nos mirábamos hasta desaparecernos debajo de nuestras ropas.

No me acuerdo del cuadrilátero aquel donde recuperábamos de noche las sombras que dejábamos descansar durante el día.

No me acuerdo haberme arrodillado y pedirte que tus cinco dedos sustituyeran a los míos.

No me acuerdo si típicamente llovía y hacía un día nefasto, el día que típicamente te despedías y me dejabas en un estado entre nefasto y con ganas de más.

No me acuerdo de las danzas del aquelarre que organizábamos en tu habitación.

No me acuerdo cruzar Despeñaperros y que algo me arrancara la lengua y los brazos quedando como ahora, lisiado sentimentalmente por Andalucía.

No me acuerdo de la triste verdad de un libro en blanco.

No me acuerdo de los libros a los que raptábamos por unas horas sus almas.

No me acuerdo cuando te vi desnuda de pudores.

No me acuerdo de si los lunares de tu cuerpo eran 87.

No me acuerdo si mis jadeos eran porque hacerte el amor era de una desesperación brutal.

No me acuerdo de las cartas que recibí de ti, diciendo que te acordabas de mí sólo si ponía la carta debajo de una vela. Tus mensajes únicos y encriptados, al alimón.

No me acuerdo de esparcir las semillas de los árboles con cada patada al suelo cuando jugaba ese día un partido fastidioso de fútbol sombra.

No me acuerdo de no oír a 4 millones de personas que pasaron por mi lado.

No me acuerdo que el día que salí corriendo a buscarte, me llamaste desde la línea de salida diciendo que esa era la meta. Y perdiendo gané.

No me acuerdo de que hablaba y hablaba buscando la única manera deliciosa que tenías de callarme.

No me acuerdo de la necesidad de saber que estabas ahí.

No me acuerdo de las veces que rompiendo a llorar, quebré mi inocencia.

No me acuerdo que al ver la película "Caótica Ana" pensara en sus rastas como enredaderas de mi vida.

No me acuerdo que siguieras el curso de tu impulso para sobrevivirte en tu mundo, de lunas, baobabs, calmas y tormentas de gotas diluviales.

NO ME ACUERDO DE ES(T)OS RECUERDOS QUE NO OLVIDÉ.

lunes, 15 de junio de 2009

La verdad axiomática corrompida por la duda

EL
A
B

O O
V D
E A
D

C
U

E O
R P

DE


E

C O S

E

I
N
D
I
G
E
S
T
I
Ó
N

P O É T I C A

El perro andalú


El perro andalú tiene mala follá.

El perro andalú te olisquea antes de mearte.

El perro andalú no te lo encuentras, te localiza si le sale de los cojones.

El perro andalú se vuelve calle o casa encalá todos los veranos.

El perro andalú se apareó o no, con un señor de Extremadura.

El perro andalú le jode que le encasillen.

El perro andalú me acaba de morder una mano, la mano demócrata.

E l p e r r o a n d a l ú m e i n o c u l a l a e n f e r m e d a d d e l p a s o t i s m o.


Él y sólo él para que pueda perdonarme todos los caminos y los rastros-rostros perdidos.

domingo, 17 de mayo de 2009

Mi sueño de madera



Arrancado de una madre sin Dios, Pinocho, ese niño árbol, acabó perdido, ensimismado, contando las anillas de su tronco.

Me pregunto yo, que he creído cien veces en aquello de que "todo el mundo tiene lo que se merece", por qué he creído como la fe ciega que se tiene a un padre cuando no se puede contrastar la respuesta. También he creído siempre que si floto, que si a veces me caigo como una hoja huérfana, que si mis pensamientos son huecos y mi sangre resbala como resina por todo mi cuerpo, es porque disfruté inconscientemente de un pasado de madera, de un hermanamiento con Pinocho, cuya nariz prominente me ha atravesado, insuflándome esos dolores o latidos de humanidad, que todo el mundo alguna vez deseó merecer.

miércoles, 22 de abril de 2009

El paraguas anual


Las piedras empapadas de las calles de Córdoba toman un aspecto lúbrico. El ruido de los pasos de los que vuelven a la cama están difuminados por los servicios de limpieza. En un banco dos individuos se enzarzan en profundas discusiones de borrachos. Dos barrenderos se sientan a esperar qué ocurrirá ese mismo día por la tarde. La ciudad entra en el duermevela.

Secuencia 1. Plaza. Ext/noche.

Suenan las 5 de la mañana en el reloj de la muñeca de uno de los barrenderos.

Barrendero 1
Parese que loh tíoh esoh san preparao.

Barrendero 2
Vamoh. Oye, ¿tú tah fijao si pa ehta tarde han convocao a loh vesinoh del barrio en er puente romano?

Barrendero 1
Quisáh. Ehpero que traigan ehponjhas sufisienteh.

Barrendero 2
Ehpero que también traigan ehcalerah. La noche ehtá bahtante serrá.

Secuencia 2. Plaza. Ext/noche.

Suenan algunas voces y un ruido estremecedor retumba la calle abajo. Acaba de adelantarse lo que esperaban mucho más tarde.

Barrendero 1
Viá dehá los tiestoh aquí y me voy pa´llá. Veremoh a vé si aguanta.

Barrendero 2
Te acompaño. La mardita noche ehta, ehtá hasiendo jartible la peoná.

Se encaminan, como todo el barrio del casco antiguo de Córdoba a las proximidades de la mezquita y un poco más abajo llegan al Arco del Triunfo. Afrontan el puente romano. Todos de nuevo callan. Se oye de nuevo el estrépito y el dique que han formado con sacos terreros a lo largo de la avenida que rodea el Gualdalquivir, cede. Cede violentamente.

Secuencia 3. Puente. Ext/noche.

Barrendero 1
Como cada año. Frota fuerte compare que no quede ni una.

Un sonido seco de raspadura se confunde con los gritos de los vecinos.

Barrendero 2
Loh locoh ehto noh la han jugao. A véh si llega ahí con la ehcalera esa. No dejhe ni una siquiera.

Después de varias acometidas por restituir los cimientos del convencionalismo, los vecinos, ya extenuados, vierten sus cubos, sus esponjas y sus escaleras a las calles de Córdoba. La tinta secular del río los ha convertido, como cada año, en cadáveres exquisitos esos días en que la marea llevó a la palabra más allá de las fronteras del folio en blanco.

Fondo negro. Poesías esperan impacientemente la linea 3. Puerta del Puente, Mártires, etc.

TELÓN

lunes, 20 de abril de 2009

Vendetta contra Roger Wolfe que se rindió al realismo


RUIDOS

Te sobrevienes a mi cuerpo, frágil nota de polvo carnal, a plazos. Asustando mis pelillos enroscados bajo la almohada. Allí donde la noche es eterna, sombra de sexos consumiéndonos privadamente. Los roces, el sonido angustioso de las horas exiliadas, nos precipitan a nuestras manos, hojarasca a 37, 38 grados.

Todo en la noche, no lo olvido, sólo en la nuestra, es delicado y donde un premio es un beso extraviado, yo intervengo como el cenicero que contiene los restos de impulsos fagocitados por el fuego fatuo en el que me he convertido.


EL CLICHÉ

Contradicción del instante pasado que ha sido capturado por tus ojos en 35 milímetros y del que no tengo resguardo para ilusionarme con el viejo poema del fotógrafo "se guardan todos los clichés".


LA PULPA

Encontré bajo la mesa el rastro de mi vida exprimida, el zumo sanguinolento y debí, ahora que descanso profundamente, darme cuenta de ésto cuando la licuadora se hundía en mi razón ayudada por mi mano traidora, compinche hija de puta, que apretaba la cuchilla contra mi pulpa. Mi sabor de muerto en vida envasado en un tetrabrick sin fecha de caducidad.


LA EXPLICACIÓN

La explicación sin idiomas, sin medios miedos, sin fundamentos fue una locura la noche que te conocí y te vi casi de inmediato, tendida. Balbuceando tu nombre, exhalando tu última bocanada me preguntaste por qué estabas muriendo. Por afinidad y porque mis palabras fueron insuficientes imaginé un disparo en mi sien y así deposité mi respuesta al lado de la tuya.


EL LETARGO

Crisálida perezosa y caduca, envuelve tus restos de primitiva oruga. Entre 10 centímetros de tierra húmeda, bulbo cordobés, creces buscando el centro de tu ombligo viendo el mundo defenestrarse por tu útero. El mejor camino para las huidas de las maquinaciones dolorosas.

Hedonista del colchón, despiertas a horas impronunciables. Abres los ojos y viene a ti la carne que colgaste en el último invierno en una oquedad de tu insustancial cuerpo brillante, faro de todos los dedos que avanzan a buscarte.

Desvíos



I


Me voy a concebir

a mi mismo,

como un demonio.


Voy a eyacular

sobre las almas cándidas

repartiendo la simiente destructiva

de mi impotencia,

el fruto prohibido.


II


Vísperas urticantes

del cambio de marcha

intoxicaciones de amor

perdido ando

o vuelo o me arrastro

como el hálito del olvido


Mis ojos inacabados

y en la espalda

habitaciones abiertas

por mil latigazos.


Mastico la tierra

que nunca poseo

recordando la saliva

transmutada


Debajo de un puente

infinito tal vez

ahí donde empezó la vida

a raudales se terminó


Tristes ojos bifurcados

ante una nariz

irrespirable