Advertencia para cualquier lector-reflector humano

La poesía no puede ser tu piedra angular
la poesía no podrá ser siquiera un poco de arena
la poesía quema o destruye la sangre cauta
la corrompida sangre la vuelve tinta
pintando con nuestra vida las hojas en blanco.
Por eso el miedo acecha mi cuerpo,
por eso mi teclado es la espada de Damocles
Así concibo los labios definitivos y rosas
de mis manos, de las caricias como espadas.
Así, brevemente, Reflector Humano
oía como me dictabas un deseo.

Bienvenida/o

denguecortos@hotmail.com

domingo, 7 de septiembre de 2008

Como nos abandona un verano

"Convencida de que mi paso por la Tierra era más bien un problema menor, esa noche me fui a dormir..." habiendo cancelado el último concierto y sin llamar la atención, con la extremaunción orbitando en su cénit, lo que fue la costosa gira veraniega de la estelar, Sol. Culminando aquella madrugada con el lanzamiento de los fuegos fátuos que a algunos encandilaron y a otros sirvieron como indicador de la salida por dónde escapar del mundo.
(Delante del escenario no hay nadie, no hay risas, ni aplausos. A la vez que dan las 12 de la noche rít-mi-ca-men-te sólo se siente suspirar al pueblo entero)

-.TELÓN.-

sábado, 2 de agosto de 2008

El caramelo de una desconocida

"XXX" se sentó en un sillón, alguna vez testigo de noches blancas, y yo hice lo mismo en la otra punta de la estancia. Hablamos, como quien esculpe las formas de la nada, de los grupúsculos de terrorismo que aún resisten en cada una de nuestras extremidades. Ella aseguraba que sus abrazos eran sogas de todos sus amantes, reos de aquel patíbulo, y sus piernas tatuadas el dolor de una muerta envenenada.

Expuso, con la vehemencia de la que se cree con la verdad única, que entre dos cuerpos unidos no queda un límite necesario de libertad individual y que follar era rebajarse como mujer y sus conquistas históricas. "Polla andante, voy a quitarte esta noche la idea erótica de tu mente" aseguró.

Le pregunté cómo podía canalizar el deseo si éste era demasiado poderoso. "XX" simplemente me hizo un gesto obsceno. No le gustaban las réplicas. Me escuchó de todos modos. Las voces la apabullaban, parecía que se le erizaba el vello y quedaba bloqueada, como quien se hace árbol y se camufla bajo la hojarasca de años.

Tuve una ocurrencia que a ella pareció crearle algún interés. Me permití sugerirle que en la distancia dos cuerpos se pueden sentir desconocidos y que ella, que estaba en la otra punta de la habitación, parecía diluirse en el profundidad de aquel pasillo enorme. (Hacía exactamente dos horas y media que nos encontramos) ¡Acércate pero no vayas a hacer nada, sólo habla! soltó, recelosa. Y el camino que iba desde donde estaba yo hasta situarme frente a ella, lo pasé hablando en alto, como queriendo no sentirse sola durante esa transición.

Llegó el momento en que "X" me miró justo a las pupilas, y lo convirtió en algo extraordinario. Tenía los ojos muy marcados, nerviosos, huidizos, como aquel que despierta a la vida y se deslumbra. ¿Te das sustos a ti mismo?, preguntó. Y no me dejó responderla cuando ella me señaló un biombo en el que se escondía frente a un espejo, por lo que cuando salía transformada en otra, vestida de mamarracha, le palpitaba tanto el corazón que rozaba el exilio de su cuerpo.

Se hacía tarde, y esa tarde llamada noche y el condón que tenía preparado nos fuimos rodando por donde vinimos. Sólo me quedé un momento más para intentar dejarla impresionada, recordando una película de Rohmer "Mi noche con Maud" que estaba convencido que había visto.

"Lo de esta noche no volverá a ocurrir jamás" dije.

"Mañana vendrás y ocuparás ese sillón. Estoy convencidísima. No habrá que esperar a que seas padre" me respondió divertida dejando mi voluntad por los suelos. Ella sabía mejor que yo, que así iba a ser durante un tiempo.

Recuerdo cómo conocí a Natalia. Seguramente fui una molestia para ella. Tenía ese aire de ser la única mujer de la noche, en que salí a desahogarme, que no pretendía aparentar absolutamente nada ni justificar su embobamiento, sólo miraba fuera de sí misma y yo quise saber desde cuándo.

martes, 29 de julio de 2008

Un paso más un paso es igual al mismo paso repetido


Eras un ser de rutinas hasta que repetiste todos tus pasos y te encontraste justo de nuevo en el punto de salida. Acababas de penetrar en el portal en que todas las noches veías follando a varios espectros. Una vez tu fuiste uno de ellos.

La noche llega a un punto donde apenas es reconocible. La respiración es casual. Te atropella el sueño con sus oprobios, sus fantasías eróticas. Es manifestada la calle en una pintada donde te avisa que te des la vuelta y renuncies al amor. Y ya hace tiempo que deambulas por ese callejón de palabras grapadas a la puerta del centro cultural silencioso. ¡Das lástima, sabes!

En la calle tú eres lo más íntimo de una fruta, y te retuerces en tus propios zumos cerebrales, intentando sanarte como la manzana hija de puta. Sabes, en dos telediarios vas a cagarte de nuevo en todo y tú sólo acabarás perdiendo la cabeza por tu vecino que ni siquiera has visto y que ni sabes que existes.

Si sales a la calle no olvides hoy afilar tus dientes, comerás todas las aceras, vas a lastimarte como nadie te jodió en la vida. Los coches tienen la vía libre, tanto que hoy cruzan libremente por el campo o en las autopistas de la información, llegando a ti allá donde tú seas capaz de iluminarte.

Te gustan los huevos con bechamel -y yo me sumo a tu doctrina culinaria- pero las huellas hoy no pasan por la plaza que tanto has gastado con tus respiraciones y risas histriónicas. En dos horas estarás a punto de comenzar un sendero que ya hiciste y que hoy has decidido variar dentro de las dos o tres opciones de viajes combinados que todos los días te propones como una agencia de viajes con pérdida de maleta incluida. Sin posibilidad de reclamarte.

jueves, 17 de julio de 2008

Liberalizaciones del verano


El calor de julio que sentí al ver un bebé jugando con la insolación. Cogiendo sus padres las sombras y quedándoselas sólo para ellos. ¡Zas! y sucumbieron en los bolsillos, todas secuestradas. Los periódicos de la calle, inundada por el gentío, hacían las veces de pequeños toldos para nuestras pesadillas que bajaban silenciosamente por los edificios. Luego iban a cenar las sobras a un psiquiátrico donde automáticamente arrinconaron a éste o aquél que no querían, que no deberían haberse violentado con sus otras visiones protectoras. Luego ya sedados, terminaron sus bocados, jirones, tapas, raciones de cordura.


Mientras paseaban la Señora Equis, Marquesa de menos Y, y Archimboldo, su secretario, parecían entorpecer al verano, ya que de la mano portaban una sombrilla amenazante con plantarla donde fuera. Sol quebrado de miedo, era de esa clase de soles que prefieren o todo o nada. Plantas y animales como mineros con lámparas, cobraban la fotosíntesis demasiada cara para el aguante de muchos. Murieron los primeros. Luego las rocas robaron la franquicia y murieron más que los anteriores, helados de necesidad. Así la Marquesa y Archimboldo parecían triunfar. No pasó demasiado tiempo cuando ambos necesitaron de luz y siendo la única vela, su llama demasiado pequeña, exigió la Señora un sacrificio acorde a su posición. Archimboldo prendió su vela que besó la moqueta y la estancia de aquella mansión colosal, cruzando raudo las fauces de los condenados a la helada existencia, retando al Sol a un duelo imposible. Ganó la Tierra por dos liberalizaciones a una. La Luna ardió buscando refugió en los periódicos de la calle del gentío azul que fueron catapultados a la estrella que abrasando cada uno de nuestros tiernos ojos cerrados por vacaciones, sintió muy dura la soledad y por eso fue por lo que acabó debajo de las noticias y de paso iluminando como nuestras pesadillas, agolpadas en el alféizar de todas y cada una de las ventanas, nos devoraban los mejores momentos de lucidez.


"Yo acabo cada noche despierto entre sudores fríos por las visiones socialmente inaceptables que me está produciendo mi cordura"

lunes, 14 de julio de 2008

Deconstrucción a base de monomios

A veces siento un metro destrozándome la columna. Y se apean las sensaciones grises oscuras que van conformando las huellas, marcas de tu visita.

Si me siento como un cadáver, como un yonqui que se pierde entre vapores chabolistas, con un color tenue de vida es porque fugaz, inquieta, una sombra me devuelve el espejismo de Edgar Alan Poe. Círculos concéntricos son los segundos precipitados a un cubo con un tortuga que marca las once y media. La hora fatídica marca las doce en punto en tu coño.

Después de esa hora y cuando aún no me he repuesto de la desesperanza de sentir la uretra completamente exiliada, llegan de nuevo tus ojos y luego viene todo el resto de ti o de mí, indistinguibles.

Siempre el suelo es conductor de un deseo que no es de nadie ni de nosotros, ni del termómetro asfixiado en rojo, aunque remonte toda la historia de tus sábanas y necesite apropiárselas.

Ubicuidad del cincuenta por ciento de mis hijos que fecunda cada gota de sudor de los cuadros incrustados en los pinceles.

Eternidad de mierda, la que respira una foto con un tacón clavado en el centro. Sangra, sangra el instante. Despedido de tus pies adquirió, antes del asesinato, la obsesión del boomerang y lo despisté en el último momento gritando mis horas muertas.

Echo de menos el desierto, el que me hacía trasnochar al raso entre los plafones de mi infancia, en el que se perdieron casi todas las tristes manos deshechas por la lluvia del niño de la piel muerta.

Echo de menos aquella triste felicidad de mi abuela, de mi casa, de mi mundo escondido. Y porque la echo de menos no dejaría más que se posase entre mi ceño, afeado de tanto fruncirse.

lunes, 30 de junio de 2008

Campeones de pinturas faciales

Yo salí un día con mi piel pintada, y detrás de mí, lo hicieron miles de hombres y mujeres sin más pintura que la que yo iba derramando.

Yo salí un día con miles de hombres y mujeres que iban derramando sus pinturas a lo largo de una calle.

Yo salí un día con una calle regada con la pintura de miles de hombres y mujeres que derramaban su humanidad a lo largo de una ilusión.

Yo salí un día con una ilusión de creer que miles de hombres y mujeres pintados de calles se derramaban a lo largo de una humanidad.

Yo me tuve que avergonzar de una calle con colores de una humanidad que pinta muy poco y que derrama cada día todas las ilusiones vanas.


"Yo acabo cada noche despierto entre sudores fríos por las visiones socialmente inaceptables que me está produciendo mi cordura"

sábado, 14 de junio de 2008

Denguefrases V

Estimados reflectores humanos, dejo a vuestra disposición la quinta lista de denguefrases, por si queréis dejar algún comentario. Las Denguefrases, las podíamos definir como: "Aquellas imágenes automáticas o reflexivas, tanto realistas como superrealistas, concordes o contradictorias, sobre las relaciones posibles e imposibles de los significados entre sí de las palabras. Al abarcar infinitas combinaciones, se produce un híbrido o metáfora paradójica, hiperbólica, como resultado del despliegue de niveles o planos del lenguaje. Obsérvense las influencias de las Greguerías de Ramón Gómez de la Serna y la aplicación del método paranoico-crítico daliniano."

LISTADO DE DENGUEFRASES

Los alfileres sujetaron mi cuerpo suspendido en tu piel. Yo he pasado por el tuyo, no puedes negarlo. Tienes millones de heridas pequeñas -tú los llamas lunares- que así lo revelan.

Los cementerios son un campo maravilloso de entrenamiento para los piratas, hay miles de cruces que marcan el lugar para el tesoro.

Homenaje a la violación campestre. Al sentarse exclamó: "Me he clavado esta piedra en el culo". Atendió, sin saberlo, las necesidades sexuales de aquella roca "sobresalida".

Amén es la tercera persona divina del plural del presente del subjuntivo del Verbo o Dios que más daño ha hecho a la humanidad.

Los coches son los leucocitos con tendencia suicida.

Las bicicletas son motos con anorexia.

*Sólo para mis amigos de Ciudad Real: "En una botella ¿bisexual? a punto de cerrar por traslado de hígado, la fauna y flora fue desahuciada por negarse al pago de las lágrimas calientes".

"Incesto es la relación carnal entre parientes dentro de los grados en que está prohibido el matrimonio. Si yo soy un pariente mío, no puedo casarme conmigo mismo, además de darme placer, y alguna vez he bebido mi propia sangre, ¿soy vampiro o incestuoso? ¿Es un vampiro, pues, incestuoso?..."- divagaba un banquero al conceder su hipoteca número x.

El bosque de columnas de mi trabajo me produce el mismo efecto que el que se encuentra en la Mezquita de Córdoba, prácticamente una muerte por ahogo cada 8 horas en un mar de lágrimas.

La descubrió con otro en la cama. Utilizando información confidencial, el teléfono llegó antes.

La comida de los hospitales debería ser ingresada por urgencias.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Manual para operar socialmente al revés


Recuéstese en un frío suelo, por ejemplo en una iglesia con su losería desgastada. Tápese un ojo y mire al crucero, tiene claramente un símbolo sumatorio. A continuación destape el cerrado y vuelva a posar su mano en el ojo restante. Con idéntico resultado. Abra los ojos como si fuera una estatua carcomida por siglos y verá un mismo símbolo al cuadrado.

Ahora que está elevado a tal potencia y la sangre le riega de pies a cabeza como un movimiento del arena chocando contra la mar, puede empezar sustrayendo los mundos conocidos y dividirlos por su percepción metafísica. Se repelen, ¿verdad? Acaba usted de encontrar la famosa Indeterminación.

Seguidamente, hunda los pies en las aguas bendecidas por su cura-pajarraco-párroco e intente aguantar la respiración de sus pies. Cuente despacio los segundos. Aplique una progresión aritmética (n+3) para compensar. Puede usted detenerse.

Cuando la losería gélida le paralice hasta el tuétano, encomiéndese a la Virgen del Perpetuo Socorro y halle el resultado de la raíz cuadrada de la Virgen.

Seguramente habrá pasado dos días de inconsciencia y del paso obligado por las ruinas del Purgatorio recientemente clausurado por el Papa. Si la respuesta que masculla es Socorro, le recomiendo un par de años de abstinencia carnal.

Las operaciones necesarias entre ostias y ostias consagradas, cuando el cura tiene un valor de 0, dan lugar a un ateísmo atroz. Por eso los celíacos no podrán jamás aspirar a nada en el estamento eclesiástico.

Realice este ejercicio una vez cada domingo a las 12 de la mañana en la parroquia de su elección.

Eso sí, no olvide marcar la casilla de la Iglesia en su próxima declaración de la Renta. Así contribuirá al sostenimiento de las operaciones financieras a las que un día, y con este manual, usted podrá optar.

martes, 20 de mayo de 2008

Manual para desempolvarse una herida


Abra las cicatrices de vez en cuando y extraiga una espina del tamaño de un gran recuerdo del pasado. Átelo dos veces a un cordel y sáquelo a pasear (se recomienda en un lugar fresco y seco, cerca de unos ritmos latidos, que acabaron sin músicos ni percusionistas) para que no olvide quién es usted y lo que esa herida significó.


Luego, en la paz de su casa dirá: "La espina ha crecido, Señor Narrador Puteante, y ya no entra de nuevo en mí". En ese momento proceda usted a llamar a su gato doméstico, perro, alimaña o monstruo de debajo de la cama, por supuesto, también doméstico o acogido a la pax romana y dele de comer aquel resto vetusto de usted mismo.


Llegó a usted, en ese esfuerzo por darse lástima en su curación acelerada, unas cuantas de fotitos pequeñitas con besitos y pamplinitas que en otros tiempecitos fueron preciositas. ¡Ay el amor diminutivo! Ya sabías que tu camino era un superlativo para tus superlativas ganas de amar. (NO. No voy a quitar esta mierda de frase ñoña).


Ahora mientras acaricia el monstruo devorador de los puntos que una vez le causaron un colapso sanguinolento, encontrará una paz sabiendo que el sistema digestivo de otro ser está triturando lo que a usted le costó un tiempo o dos tiempos o cientos de tiempos en expulsar y convertirlo en abono no no no. Pues eso. NO.

jueves, 8 de mayo de 2008

CARA o qué. No, sólo CRUZ de navajas....


Hubo un sitio una vez en mis recuerdos que se remontan a una noche que valió por todas.

Y corrí un velo tan negro que si hoy me acuerdo es porque he sido atropellado por una de esas canciones que duelen al oído.

Invoco, pues, casi al terrible dios Ctulthu que se me presenta españolizado con la cara de un yonki con el torso desnudo, los pechos de una menor mancillada y las piernas de leche de una prostituta vieja, pero vieja vieja.

Ahora que sudo pensando en lo que pudo pasar y que presentí, como la famosa película del final de nuestros días aderezado la alucinación con la reveladora estrofa de Mecano "cruz de navajas por una mujer/ brillos mortales despuntan al alba/ sangres que tiñen de malva/ el amanecer". Pensé en que la donación al pavimento de mi masa encefálica que ya colgaba casi del espanto, iba a ser instantánea, ¡oh, ritual barato de momificación ciudarrealeña, que hace de mis vísceras un bocadillo de los chinos a las 3 de la mañana en la Gran Vía de Madrid! Y no pasó, no pasó...

Pienso constantemente en una habitación de un pasillo que intuí, ¡como si en otra vida hubiera sido cliente de aquel prostíbulo! Intuí por la creciente tensión, sexual, violenta, hacia mis ojos, hacia mis otros ojos amigos, de que todos seríamos sacrificados en un último canto del cisne.

Obligados a poner la garganta mientras practicábamos una felación al micrófono infesto que se pasaban como un miserable porro entre las babosas hediondas, primates, ¡perdonad animalillos!

Por supuesto, no pagué nada, beber en una ciénaga es más recomendable que posar tus labios vírgenes de todo mal sobre aquellos vasos o botellas impregnadas del recuerdo de horas de sesiones sadomasoquistas o falangistas. Y recuerdo que nada me hacía gracia, y eso que suelo reírme bastante. E imaginaba un final triste para todos. De pronto una subida de corriente entra por la puerta, sube por la barra, quema los sillones y sus pelos púbicos adheridos, regenerándose en un vengador sexual de la inocencia y el decoro perdido, convirtiendo en un infierno terrestre aquel trozo de delincuencia inmaculado por siglos y siglos de constante involución.

Si no miré hacia atrás cuando uno de esos leviatanes me retó a una pelea de gallos fue porque tuve miedo. Tuve miedo a la posibilidad de que al encontrar sus pupilas tan entornadas, tan fuera de sí (tengo la firmeza de que nunca han estado dentro) ni siquiera esa locura interminable me hiciera despertar de la pesadilla aquella.