Advertencia para cualquier lector-reflector humano

La poesía no puede ser piedra angular de ti
la poesía no podrá ser siquiera un poco de arena
la poesía quema o destruye la sangre cauta
la corrompida sangre la vuelve tinta
pintando con nuestra vida las hojas en blanco
por eso el miedo acecha mi cuerpo
por eso mi teclado es la espada de Damocles
así concibo los labios definitivos y rosas
de mis manos, de las caricias como espadas.
Así, brevemente, a tí, Reflector Humano
oía como me dictabas un deseo.

Bienvenido

denguecortos@hotmail.com

miércoles, 22 de abril de 2009

El paraguas anual


Las piedras empapadas de las calles de Córdoba toman un aspecto lúbrico. El ruido de los pasos de los que vuelven a la cama están difuminados por los servicios de limpieza. En un banco dos individuos se enzarzan en profundas discusiones de borrachos. Dos barrenderos se sientan a esperar qué ocurrirá ese mismo día por la tarde. La ciudad entra en el duermevela.

Secuencia 1. Plaza. Ext/noche.

Suenan las 5 de la mañana en el reloj de la muñeca de uno de los barrenderos.

Barrendero 1
Parese que loh tíoh esoh san preparao.

Barrendero 2
Vamoh. Oye, ¿tú tah fijao si pa ehta tarde han convocao a loh vesinoh del barrio en er puente romano?

Barrendero 1
Quisáh. Ehpero que traigan ehponjhas sufisienteh.

Barrendero 2
Ehpero que también traigan ehcalerah. La noche ehtá bahtante serrá.

Secuencia 2. Plaza. Ext/noche.

Suenan algunas voces y un ruido estremecedor retumba la calle abajo. Acaba de adelantarse lo que esperaban mucho más tarde.

Barrendero 1
Viá dehá los tiestoh aquí y me voy pa´llá. Veremoh a vé si aguanta.

Barrendero 2
Te acompaño. La mardita noche ehta, ehtá hasiendo jartible la peoná.

Se encaminan, como todo el barrio del casco antiguo de Córdoba a las proximidades de la mezquita y un poco más abajo llegan al Arco del Triunfo. Afrontan el puente romano. Todos de nuevo callan. Se oye de nuevo el estrépito y el dique que han formado con sacos terreros a lo largo de la avenida que rodea el Gualdalquivir, cede. Cede violentamente.

Secuencia 3. Puente. Ext/noche.

Barrendero 1
Como cada año. Frota fuerte compare que no quede ni una.

Un sonido seco de raspadura se confunde con los gritos de los vecinos.

Barrendero 2
Loh locoh ehto noh la han jugao. A véh si llega ahí con la ehcalera esa. No dejhe ni una siquiera.

Después de varias acometidas por restituir los cimientos del convencionalismo, los vecinos, ya extenuados, vierten sus cubos, sus esponjas y sus escaleras a las calles de Córdoba. La tinta secular del río los ha convertido, como cada año, en cadáveres exquisitos esos días en que la marea llevó a la palabra más allá de las fronteras del folio en blanco.

Fondo negro. Poesías esperan impacientemente la linea 3. Puerta del Puente, Mártires, etc.

TELÓN

lunes, 20 de abril de 2009

Vendetta contra Roger Wolfe que se rindió al realismo


RUIDOS

Te sobrevienes a mi cuerpo, frágil nota de polvo carnal, a plazos. Asustando mis pelillos enroscados bajo la almohada. Allí donde la noche es eterna, sombra de sexos consumiéndonos privadamente. Los roces, el sonido angustioso de las horas exiliadas, nos precipitan a nuestras manos, hojarasca a 37, 38 grados.

Todo en la noche, no lo olvido, sólo en la nuestra, es delicado y donde un premio es un beso extraviado, yo intervengo como el cenicero que contiene los restos de impulsos fagocitados por el fuego fatuo en el que me he convertido.


EL CLICHÉ

Contradicción del instante pasado que ha sido capturado por tus ojos en 35 milímetros y del que no tengo resguardo para ilusionarme con el viejo poema del fotógrafo "se guardan todos los clichés".


LA PULPA

Encontré bajo la mesa el rastro de mi vida exprimida, el zumo sanguinolento y debí, ahora que descanso profundamente, darme cuenta de ésto cuando la licuadora se hundía en mi razón ayudada por mi mano traidora, compinche hija de puta, que apretaba la cuchilla contra mi pulpa. Mi sabor de muerto en vida envasado en un tetrabrick sin fecha de caducidad.


LA EXPLICACIÓN

La explicación sin idiomas, sin medios miedos, sin fundamentos fue una locura la noche que te conocí y te vi casi de inmediato, tendida. Balbuceando tu nombre, exhalando tu última bocanada me preguntaste por qué estabas muriendo. Por afinidad y porque mis palabras fueron insuficientes imaginé un disparo en mi sien y así deposité mi respuesta al lado de la tuya.


EL LETARGO

Crisálida perezosa y caduca, envuelve tus restos de primitiva oruga. Entre 10 centímetros de tierra húmeda, bulbo cordobés, creces buscando el centro de tu ombligo viendo el mundo defenestrarse por tu útero. El mejor camino para las huidas de las maquinaciones dolorosas.

Hedonista del colchón, despiertas a horas impronunciables. Abres los ojos y viene a ti la carne que colgaste en el último invierno en una oquedad de tu insustancial cuerpo brillante, faro de todos los dedos que avanzan a buscarte.

Desvíos



I


Me voy a concebir

a mi mismo,

como un demonio.


Voy a eyacular

sobre las almas cándidas

repartiendo la simiente destructiva

de mi impotencia,

el fruto prohibido.


II


Vísperas urticantes

del cambio de marcha

intoxicaciones de amor

perdido ando

o vuelo o me arrastro

como el hálito del olvido


Mis ojos inacabados

y en la espalda

habitaciones abiertas

por mil latigazos.


Mastico la tierra

que nunca poseo

recordando la saliva

transmutada


Debajo de un puente

infinito tal vez

ahí donde empezó la vida

a raudales se terminó


Tristes ojos bifurcados

ante una nariz

irrespirable