Advertencia para cualquier lector-reflector humano

La poesía no puede ser piedra angular de ti
la poesía no podrá ser siquiera un poco de arena
la poesía quema o destruye la sangre cauta
la corrompida sangre la vuelve tinta
pintando con nuestra vida las hojas en blanco
por eso el miedo acecha mi cuerpo
por eso mi teclado es la espada de Damocles
así concibo los labios definitivos y rosas
de mis manos, de las caricias como espadas.
Así, brevemente, a tí, Reflector Humano
oía como me dictabas un deseo.

Bienvenido

denguecortos@hotmail.com

lunes, 29 de marzo de 2010

Sangre del platerillo de leche. El Gran Miedo.


Sangre del platerillo de leche

escupe en sueños

sangre de otros cuerpos

que follan la razón.


Sangre del platerillo de leche

es vertida por doquier

sin permiso en sus fisuras

hondos surcos de la fatalidad.


Sangre del platerillo de leche

es un recuerdo de una noche

convertida en dos noches

de incombustibles (r) ojos.


Sangre del platerillo de leche

es una carta mágica

es una tinta del fracaso

es una amante sin (a) mar.


Sangre del platerillo de leche

es la opción equivocada

es la corregida impostura

es la muerte prematura.


Sangre del platerillo de leche

son gotas que violan azulejos

confundidos con lágrimas ausentes

confundidas, confundidas que confunden.


Sangre del platerillo de leche

kilométricos-últimos besos

autopistas-entrelazados labios

como puentes sobre las bizcas gafas.


Sangre del platerillo de leche

esta mierda de poema

que rompe las etiquetas

de las prendas sin usar.

(Prendas: Camisa, anillo, pantalón desgastado, collar de chapas de coca-cola, condón, llaves, Rayuela de Cortazar y diez surcos estériles en la espalda)

viernes, 12 de marzo de 2010

Viviendo, viajando, viendo siempre "entre líneas"




I

De una foto tus brillos brotan

como mil dedos en llamas

la una, la dos, cuenta atrás

sonrisa tuya ceniza.


II

El metro repta por tus ojos

en celosía

mujer del veo veo nervioso

necesitaría mil ruidos

y más paradas para desnudar

tu deseo exiliado


III

Tus rizos descienden hasta la noticia

complicando la realidad

y muerden tu capilar señuelo

las palabras turbias

Oh señora Medusa pornortográfica


IV

Viejo que muere de pie

su bastón está erecto

le mantiene en fantasía

bordeando nuestras fronteras

el estupor de quien llegó

a la última parada


V

Puerta automática

sangre predispuesta

plaquetas que bajan

en la siguiente estación

Herida abierta

abandonada, sin cicatrizar.

VI

Revistas y libros prostituidos

exiben su pálpito

deseosos del fin.

El horóscopo y la página 299/300

prometen guardar la última bala

Oí el impacto negro sobre blanco

y gritos de madres

que entierran a sus hijos

tras el punto y final.


(Escrito entre las estaciones de X e Y)

lunes, 1 de marzo de 2010

El reloj de arena fascista


La calle inundada de los vapores de una lluvia que aparece bajo nuestros pies, es la señal para la huida de huellas que avanzan por la miseria despacio, como una almohada que se asienta, y si alguna vez echaste de menos unos zapatos que caminen delante de ti, mostrándote las migas de pan, hoy verás un par que juegan al despiste con el ingeniero del camino de las baldosas amarillas. Sí. Dorothy a estas alturas debe de estar en una zanja repintando los gusanos sus zapatitos de charol.

El lamento de esa lengua de agua que alimenta tus vellos bellos, que los hacen crecer encima de tus orejas, hoy son la guarida de tus impulsos asesinos, de esos que matan el tiempo a base de sentencias injustas. Nunca te oiré bajar las calles como fuentes sentada en una cama como en la película "La Bruja Novata". No eres especial. Para mí no eres más especial que esas gotas que fusilan los baldosines un día como hoy.

Sin embargo tu coño es una inmensa catarata, mujer universal, y siempre he temido que un día me reclamaras para tu útero, y yo no pudiera hacer nada por evitarlo. Por eso he cegado mis ojos, por eso cada entrega es condicionada, por eso no sé hacerte el amor cuando nos bañamos en sangre. Por eso tu piel brilla tersa, inmaculada, erizada, explotada de tanto hacer la gilipollas.

Mujer universal, eres tan triste como una peonza sin cuerda, como unos ojos que nunca han visto despertar a los míos. Sólo tú, quien no ha visto aún mi cuerpo desfallecer a tu lado, pierdes el tiempo, y el tiempo es algo que se escapó del reloj de arena fascista.

(Escrito en 3 minutos y 20 segundos de irracionalidad dictada)