Advertencia para cualquier lector-reflector humano

La poesía no puede ser piedra angular de ti
la poesía no podrá ser siquiera un poco de arena
la poesía quema o destruye la sangre cauta
la corrompida sangre la vuelve tinta
pintando con nuestra vida las hojas en blanco
por eso el miedo acecha mi cuerpo
por eso mi teclado es la espada de Damocles
así concibo los labios definitivos y rosas
de mis manos, de las caricias como espadas.
Así, brevemente, a tí, Reflector Humano
oía como me dictabas un deseo.

Bienvenido

denguecortos@hotmail.com

jueves, 17 de julio de 2008

Liberalizaciones del verano


El calor de julio que sentí al ver un bebé jugando con la insolación. Cogiendo sus padres las sombras y quedándoselas sólo para ellos. ¡Zas! y sucumbieron en los bolsillos, todas secuestradas. Los periódicos de la calle, inundada por el gentío, hacían las veces de pequeños toldos para nuestras pesadillas que bajaban silenciosamente por los edificios. Luego iban a cenar las sobras a un psiquiátrico donde automáticamente arrinconaron a éste o aquél que no querían, que no deberían haberse violentado con sus otras visiones protectoras. Luego ya sedados, terminaron sus bocados, jirones, tapas, raciones de cordura.


Mientras paseaban la Señora Equis, Marquesa de menos Y, y Archimboldo, su secretario, parecían entorpecer al verano, ya que de la mano portaban una sombrilla amenazante con plantarla donde fuera. Sol quebrado de miedo, era de esa clase de soles que prefieren o todo o nada. Plantas y animales como mineros con lámparas, cobraban la fotosíntesis demasiada cara para el aguante de muchos. Murieron los primeros. Luego las rocas robaron la franquicia y murieron más que los anteriores, helados de necesidad. Así la Marquesa y Archimboldo parecían triunfar. No pasó demasiado tiempo cuando ambos necesitaron de luz y siendo la única vela, su llama demasiado pequeña, exigió la Señora un sacrificio acorde a su posición. Archimboldo prendió su vela que besó la moqueta y la estancia de aquella mansión colosal, cruzando raudo las fauces de los condenados a la helada existencia, retando al Sol a un duelo imposible. Ganó la Tierra por dos liberalizaciones a una. La Luna ardió buscando refugió en los periódicos de la calle del gentío azul que fueron catapultados a la estrella que abrasando cada uno de nuestros tiernos ojos cerrados por vacaciones, sintió muy dura la soledad y por eso fue por lo que acabó debajo de las noticias y de paso iluminando como nuestras pesadillas, agolpadas en el alféizar de todas y cada una de las ventanas, nos devoraban los mejores momentos de lucidez.


"Yo acabo cada noche despierto entre sudores fríos por las visiones socialmente inaceptables que me está produciendo mi cordura"

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