Advertencia para cualquier lector-reflector humano

La poesía no puede ser piedra angular de ti
la poesía no podrá ser siquiera un poco de arena
la poesía quema o destruye la sangre cauta
la corrompida sangre la vuelve tinta
pintando con nuestra vida las hojas en blanco
por eso el miedo acecha mi cuerpo
por eso mi teclado es la espada de Damocles
así concibo los labios definitivos y rosas
de mis manos, de las caricias como espadas.
Así, brevemente, a tí, Reflector Humano
oía como me dictabas un deseo.

Bienvenido

denguecortos@hotmail.com

martes, 27 de noviembre de 2007

Color primario. AMARILLO.

En el autobús ella iba dejando atrás sus estaciones (primavera y verano). Y el "ting" sólo marcaba una parada más, inútil. De nuevo no se atrevía a bajar. Fue haciendo la línea circular alrededor de los tiempos y con el billete obsoleto, añejo, no se atrevió a bajar a su vida, no fuera a quedarse para siempre, esclavizada, en ella.

Llevo observándola cada mañana, en ese autobús que no cojo nunca, que ha cambiado de asiento, quizás nunca vio lo que estaba más allá de la ventana izquierda. Un día agarró un papel y me lo tiró, pensando que yo sería capaz de aceptar su invitación entre los anuncios del periódico. Vi sumarse a ella a millones de desconocidos que le hablaron, sabida ya su extravagante vida móvil. Nunca tuvo ojos para enloquecerse sola, necesitó de tantos otros, mirada amarillenta, cansada, ojos como películas que siempre olvidan el comienzo.

La incorrección, la locura, en lo de todos los días, y nos miró durante décadas enteras nuestra quietud en su movimiento imparable. A veces he pensado que alguna vez pueda llegar al punto donde todo empezó para ella, pero la ciudad ha cambiado tanto que ya todo le será desconocido o se perderá matando para recuperar lo suyo, loca, muerta de pánico. Quizás le enturbia la proximidad de una obsesión, de preguntarse por mí, de por qué no he aceptado acompañarla. No lo he hecho. Creo que no lo haré nunca.

He pensado en comprar un adoquín y presentarlo en medio de su línea monótona, destruyendo esta maldita inercia, para que todo acabe ya...

No he podido. Y ahora escribo todo esto en esta mierda de papel que te acabo de tirar desde una ventanilla del autobús y que tú lees mientras te preguntas por qué hoy has estado a punto de subirte en él. No lo hagas. Que no lo haga nadie. No levantéis la mano, no pidáis que nos detengamos a por vosotros.

2 comentarios:

La niña del lapiz dijo...

Hola reflector. Me ha encantado el relato del color amarillo. La vida se pasa sin saber enfrentarse a tus miedos ,como dice el dicho popular la vida es para los valientes, aunque algunas veces cuesta serlo. En definitiva me encanta y ya me esta empezando a inspirar.

Un beso muy grande. Muack. Una loca de los lapices ;-)

Francisco Javier dijo...

Gracias por tu comentario, sólo espero que no cojas esos autobuses que van hacia ninguna parte.

Me encantaaaa que todo esto te inspire en tu creación. Seguro que el resultado, pronto lo veremos en tu blog.

Un beso del reflector humano.