Advertencia para cualquier lector-reflector humano

La poesía no puede ser piedra angular de ti
la poesía no podrá ser siquiera un poco de arena
la poesía quema o destruye la sangre cauta
la corrompida sangre la vuelve tinta
pintando con nuestra vida las hojas en blanco
por eso el miedo acecha mi cuerpo
por eso mi teclado es la espada de Damocles
así concibo los labios definitivos y rosas
de mis manos, de las caricias como espadas.
Así, brevemente, a tí, Reflector Humano
oía como me dictabas un deseo.

Bienvenido

denguecortos@hotmail.com

martes, 18 de septiembre de 2007

Carreras

Recibí como única herencia mi apellido, que me recuerda la infame vida de mi padre, el carnicero de West. ¿Mi padre? Él fue ejecutado siguiendo la moda de la época, la horca. No empecé a saber de su vida hasta que mi abuela moribunda me confió su secreto. Me dio un diario, que escribió mi padre, con la letra borracha por el estado de excitación de aquello que ponía en estas hojas.
Miércoles 3 de noviembre. He seguido a Miguel hasta su campo, en las tierras altas, creo que me vio porque empezó a correr, y eso de que corran de mí,... me pone malo. No lo soporto. Maldito asqueroso, ¿por qué correría? Delante de su hija me pidió piedad. ¿Piedad? ¿Para él? No he tenido más remedio que ocuparme de la niña, con su sangre envenenada, nada bueno crecía en ella...
Viernes 5 de noviembre. Sigo enfadado con mi familia, me reprochan que me haya vuelto muy callado. ¡Dios, qué ganas tengo de mandar al cuerno a estos mierdas! Sólo el pequeño Ben se salvaría, él es un buen muchacho. Viernes 5 de noviembre y su madrugada. ¡Oh sí! ¡Oh sí! He visitado a Adolfo en su barbería y allí estaba la mujer de Miguel. ¡Qué guapa está de luto! Si lo llego a saber lo mato antes. Le doy el pésame. Por poco me meo de risa. Cerca de la plaza le exigí un beso, coño, el beso que me tuvo que dar antes. Pero la muy z... no quiso y, claro, mi navaja se encargó de convencerla. Se movió y se hincó hasta el hígado. La muy idiota. ¿Todo tiene que acabar así? Así acabará con su marido, criando malvas. La escupí.
Sábado 6 de noviembre. Ha estado la policía merodeando mi calle. Mi mujer me preguntó con insistencia sobre algunas manchas en la ropa. Parece que el pichón se me ha vuelto inteligente. Le he dado otra oportunidad. Mi hijo Ben ha estado todo el rato conmigo. Qué buen niño. Hoy lo voy a llevar conmigo.
Sábado 6 de noviembre y su madrugada. He salido con Ben a ver a los padres de Miguel. Llamé a su casa y saqué la escopeta. Ben quiso colaborar. ¡Vamos, chico!, le animé. Hizo un buen trabajo. Será igual que su padre.
Soy Ben, y siento que mi padre hiciera todo esto, señor juez, él era un asesino, yo sólo soy músico. ¿Cómo dice? ¿Que dónde están mis vecinos? En mi calle sólo vivían ojos que me acusaban y que corrían de mí, señor juez. ¡Malditos bastardos!... no soporto que corran, señor juez, que corran…
Enero, 2006

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