Advertencia para cualquier lector-reflector humano

La poesía no puede ser piedra angular de ti
la poesía no podrá ser siquiera un poco de arena
la poesía quema o destruye la sangre cauta
la corrompida sangre la vuelve tinta
pintando con nuestra vida las hojas en blanco
por eso el miedo acecha mi cuerpo
por eso mi teclado es la espada de Damocles
así concibo los labios definitivos y rosas
de mis manos, de las caricias como espadas.
Así, brevemente, a tí, Reflector Humano
oía como me dictabas un deseo.

Bienvenido

denguecortos@hotmail.com

martes, 23 de octubre de 2007

Buscando algunas influencias (sonbrejargosa)


Salí a buscar mis influencias. Fui en busca de la tumba de mi abuelo y busqué su sonrisa y cogí un puñado de huesos que eran un horror absurdo y los dispuse ordenadamente en una manta cubierta de papeles en blanco.



Abrí un libro, acudiendo hasta la lápida de André Bretón, y allí arranqué mil páginas buenas y las deposité desordenadamente en la manta que soñé antigua con los huesos y folios de cal.



Me detuve en el Museo del Prado caminando como un alfil, siempre en diagonal hasta la sala de pintura flamenca, destrozando el lienzo del Jardín de las Delicias del Bosco que celosamente había guardado sólo para mí. Acordándome de un proverbio flamenco: "Las cosas van mal cuando el sabio va a operarse de su locura a casa de locos." Sus jirones fueron a parar hasta el tuétano andaluz.




Acabé fotografiando como una gota que caía de la más alta hoja, se posaba en mi nariz y que capturé en mi interior inspirando tanto que se me nubló la vista y perdí todos los colores y todos los instantes. Al recuperar el conocimiento añadí cuidadosamente la imagen grandiosa y casi mortal.



Desplegué la manta y puse en ese momento un disco de Satie y de nuevo la venganza del niño de la piel muerta se deshizo. Todo en orden y luego completamente desordenado pidió paso. Cayó una inocente hoja, rompiéndome el cuello, y yo le di la sangre y mientras ocupaba un lugar entre la tela de mi vida, noté como todo se levantaba. Salía taciturno otro Fran, buscando nuevos elementos que enraizaran en mis costumbres, mientras que yo, el original, aceleraba mi extinción. Exánime. Ex ánime. Ex ánime... ESCAPABA.

1 comentario:

Francisco José Najarro Lanchazo dijo...

Encantado de conocer tu surrealismo, aunque eso de la escritura-automática que he visto por aquí me gusta...no creo en la escritura-automática...