Advertencia para cualquier lector-reflector humano

La poesía no puede ser piedra angular de ti
la poesía no podrá ser siquiera un poco de arena
la poesía quema o destruye la sangre cauta
la corrompida sangre la vuelve tinta
pintando con nuestra vida las hojas en blanco
por eso el miedo acecha mi cuerpo
por eso mi teclado es la espada de Damocles
así concibo los labios definitivos y rosas
de mis manos, de las caricias como espadas.
Así, brevemente, a tí, Reflector Humano
oía como me dictabas un deseo.

Bienvenido

denguecortos@hotmail.com

martes, 9 de octubre de 2007

Curso acelerado para huir de la bondad

Querido reflector humano si quieres dejar de ser bueno, vas a tener que esforzarte mucho. Piensas que el mundo es violento, que mostrar la ira es conveniente, que todo aquello que te rodea conspira contra tu bondad innata.
No es así, sabes, no es, simplemente no.

Pides cosas imposibles querido reflector, la maldad no existe en nuestro mundo. Hay momentos que se acercan a los tobillos de lo que es malo malo, malísimo. Malo malo es la ignorancia.
Cosa aparte es que con tus conocimientos quieras pervertir la bondad. Eso ya es más interesante. Eso también es malo malo. Las guerras no son malas, son bonísimas, sirven para conocer los nombres de las personas asesinadas, que si no nunca los sabríamos. Sin guerras, el mundo es malo malo. Y sus mantenedores son beatos tan beatos como los beatísimos que se auto-beatifican con la benevolencia de Roma.
"Dios le paga un sueldo a Satán" dice Sabina, otro poseído por el mal. Malos malos son los españoles que no votan. Los que buscan mierda entre cosas minúsculas y ven un tesoro. Los que propagan que tener clavos inamovibles nos cuelgan cada día un poco más. Que pérdida de tiempo, no tenemos capacidad para comprender el mal. ¡Cómo no va Ratzinger a clausurarlo! El bien es el mal y lo malo malo es lo que lo cuestiona.


He acabado siendo malvado. Y ha sido por inercia, sin esperarlo, me levanté y ¡zas! malo malo. Es que me han echado a este camino pernicioso, cada día, ca-da-dí-a me rodeaba como un guante silencioso que esperaba estrangularme, y así ando medio ahogado, consumido por esta maravillosa utopía.

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